Reservar los datos ha sido una preocupación desde los tiempos más remotos: se podrían considerar como los primeros lugares de almacenamiento a las cuevas donde nuestros antepasados dibujaban pictogramas. Les sucedieron una gran variedad de soportes hasta que, dando un enorme salto en el tiempo, se llegó a los dispositivos capaces de conservar información mediante códigos analógicos o digitales, en dispositivos mecánicos o electrónicos tan dispares como el cilindro de cera del fonógrafo o la memoria USB. Algunos se crearon con objetivos distintos a sus aplicaciones finales, como sucedió con la tarjeta perforada, empleada originalmente para crear patrones de telas en la industria textil y después utilizada para procesar información en las computadoras mecánicas.
Otros artefactos fueron inventados para grabar o reproducir música, pero, poco a poco, se usaron también para almacenar imágenes y documentos de trabajo. Además, no todos fueron portátiles desde el inicio, ya que formaban parte de una máquina para funcionar. A lo largo del tiempo, hubo aparatos que evolucionaron y otros fueron reemplazados por nuevas tecnologías. Algunos han preservado su dinastía con cada vez mayor capacidad y otros se han convertido en valiosas reliquias.
Cuando surgieron los medios masivos de almacenamiento, éstos eran lentos y "burocráticos". De hecho, la única forma que tenían de pasarle datos a la memoria RAM era, primero, entregárselos al procesador y dejar que éste realizara la tarea, procedimiento conocido como PIO. Con el tiempo, los discos adquirieron más "inteligencia", lo que les permitió acceder directamente a la memoria; este método se denomina DMA. Como es de suponer, es mucho más rápido, pero debe estar habilitado tanto por el hardware (medio de almacenamiento y motherboard) como por el sistema operativo.
Los sistemas de información están pensados para almacenar y procesar datos. La máquina tiene valor precisamente por su capacidad para trabajar con ellos y su pérdida parcial o total impide que cumpla esta función. Por eso, los usuarios no podemos quedarnos con los brazos cruzados; con el avance de la informática personal, una de nuestras obligaciones es la realización de esas copias que nos aseguren la supervivencia de la información que hemos ido almacenando ante cualquier adversidad.Sin olvidar el almacenamiento físico externo, como las memorias USB, los discos duros con interfaz SCSI y SAS, etc... En los años 2000 tras la interfaz IDE (PATA), surgió sATA, una interfaz más rápida y eficiente (hasta 6 Gbps en SATA III), cables más delgados y mejor escalabilidad. sATA permitió tasas de transferencia superiores, mejorando la ventilación y el orden interno de los equipos.
Desde mediados de los 2000, llegaban los SSD (basados en memoria flash NAND) el cual revolucionaron el almacenamiento al eliminar partes móviles, ofreciendo menor consumo, mayor velocidad y mayor resistencia a golpes.
A fines del 2010, hacía su aparición la interfaz NVMe, un salto al PCIe. Diseñada para SSD, aprovechó el bus PCI Express para multiplicar la velocidad (hasta 7 GB/s en PCIe 4.0). Esto fue clave para entornos profesionales y gaming. Asimismo, con la expansión de Internet, el almacenamiento físico dio paso al almacenamiento remoto en servidores, accesible desde cualquier dispositivo conectado a Internet. Esto es lo que se llama almacenamiento en la nube (cloud computing). Con grandes beneficios, como la no necesidad de hardware local, la sincronización automática entre dispositivos y las copias de seguridad automatizadas.
En el glosario: Almacenamiento — Biblioteca (Def. 1) — Cloud computing — Disco rígido — IDE — Información — M.2 — sATA — SCSI — SSD.
En apartados: Formas de obtener datos de un disco duro antiguo — Opciones para recuperar archivos del disco duro.“Quiero que el lector sienta que las cosas son sorprendentes. No el 'qué pasa', sino la forma en que todo sucede.”
Alice Munro
La cinta magnética fue el instrumento más revolucionario de su época. Reemplazó a todos los artefactos anteriores y de ella derivaron los sistemas de almacenamiento que dieron origen a los dispositivos que se han ido utilizando. Aunque la patentó el alemán Fritz Pfleumer en 1928, se comercializó unos años más tarde, en 1935. Veinte años después, apareció el transistor y con él, en 1959, se creó el primer circuito integrado. A partir de estos chips comenzaron a nacer, en la década de 1960, dispositivos de bajo costo. La tecnología de los circuitos, influida por la de los viejos discos duros, dio a luz a la gran diversidad de hardware moderno, con reproductores mucho más avanzados, tales como el conocido iPod.
1970 fue el año del despertar de un buen número de tecnologías que con el transcurrir del tiempo se harían populares. Por un lado, Gilbert Hyatt solicitaba la patente por sus investigaciones efectuadas desde 1968 en el campo de los microprocesadores. En un solo chip conseguía reunir los componentes esenciales que conformaban un ordenador, con la excepción de la memoria y las interfaces. Un año después, Intel presentaría el 4004, microprocesador de 4 bits que sería reconocido como el primer «micro» comercial de estas características. Aunque siempre se ha acreditado a los tres ingenieros de Intel como «inventores» de esta tecnología, en 1990, la oficina de patentes americana reconoció el mérito de Hyatt. Ese mismo año, la compañía que comercializó el 8080 (corazón del primer microordenador popular, el Altair 8800) desarrollaba memorias ROM.