Anatomía del correo electrónico: cabeceras, envío y seguridad
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Hacia los años
60, casi la totalidad de los computadores de tiempo compartido disponían de un curioso sistema mediante el cual los usuarios, informáticos con horarios imprevisibles que pasaban madrugadas frente a sus terminales, podían enviarse mensajes. Sin duda, éste era de lo más espartano: un fichero contenía los correos de un usuario y dos programas permitían su lectura y escritura. Obviamente,
tan sólo era posible la comunicación entre los usuarios de una misma computadora.
Fue
Tomlinson (
Cambridge) quien ingeniosamente modificó estas aplicaciones para combinarlas con otra empleada para la copia de ficheros entre diferentes máquinas a través de una red. También él se encargó de escoger un signo de puntuación que se utilizara para distinguir entre el
nombre de usuario y el equipo al que pertenecía.