Overclocking: historia, evolución y consecuencias
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El
overclocking tiene sus orígenes en los primeros años de la informática personal, cuando los entusiastas descubrieron que los fabricantes de procesadores dejaban márgenes de seguridad en sus diseños. Esto permitía que las CPUs funcionaran a frecuencias de reloj más altas de las especificadas oficialmente. En aquella época,
ganar unos pocos megahercios suponía un salto notable en rendimiento, ya que la frecuencia de reloj era casi sinónimo de potencia de proceso.
Con el tiempo, la práctica se extendió más allá de los procesadores. Es que también se aplica a la memoria
RAM, las
tarjetas gráficas, los
chipsets de la placa base e incluso a los monitores (para aumentar su tasa de refresco). La idea sigue siendo la misma:
modificar parámetros del sistema para que los componentes realicen más operaciones por segundo y, en consecuencia, aumente su rendimiento.