La figura del Disc Jockey (DJ) es cada vez más admirada y respetada. Un protagonista, que, en sus inicios, siempre cargaba con pesadas maletas repletas de vinilos y que es capaz de pasar largas horas en su elevado «púlpito», encorvado sobre el incesante giro de sus platos mientras produce sonidos de toda clase. Un cierto halo de misterio envuelve este mundillo de difícil acceso, fascinante para algunos, detestable para otros, desconocido para la mayoría.
Fue Kool Herc quien desarrolló las técnicas que se emplean para enlazar temas. En busca de fragmentos rítmicos de canciones populares, ideó un sistema para repetirlos, creando así una nueva composición musical. Se valía para ello de dos platos unidos con un mezclador de sonidos; utilizando dos discos iguales, reproducía un fragmento en una sucesión continuada en la que alternaba entre los dos platos. Se acuñó de esta forma el término hip hop, de hip hop the turntables, o saltar entre los platos. Muchos fueron los que consiguieron resultados espectaculares utilizando esta técnica, sin embargo, un problema aquejaba a todos ellos. Si bien su habilidad era pasmosa, conseguir acertar de forma continuada repitiendo un fragmento en diferentes discos era harto complejo.
El siguiente gran paso llegó con la aparición del DJ capaz de enlazar temas de una forma suave y precisa. Hay que agradecérselo a Pete Jones, que brillantemente unió unos cascos a la mesa de mezclas, utilizando un interruptor para seleccionar que plato se escucharía por ellos. Empleando esta pre-escucha (también llamada monitor o simplemente auriculares), era posible yuxtaponer diferentes discos sin que el cambio entre ellos fallara.Atribuido a Grand Wizard Theodore (nombre artístico obviamente), su descubrimiento consistió en repetir una frase del disco girándolo rápidamente en sentido inverso. Ese curioso efecto se conoce como scratch. Ya en los años 80, Frankie Knuckles utilizaría una caja de ritmos (con una base 4/4) como fondo para temas de soul y disco, eran los inicios del house. Una tendencia musical que se vería impulsada por los discos de 12 pulgadas con largos cortes de percusión ideales para mezclar. Desde entonces, mucho han evolucionado las técnicas. La mayoría de lo/a/s DJs siguieron utilizando el disco de vinilo como soporte para sus creaciones. No obstante, los platos son más precisos gracias a los motores de tracción directa (que permiten detener el plato y volverlo a soltar sin que se aprecie su aceleración), y los reguladores de pitch también. Asimismo, las mesas cuentan con efectos de toda clase y medidores de BPM.
Sin embargo, si hemos de destacar alguna novedad, resaltamos la introducción del CD como formato para mezclar. Estos reproductores aparecían tanto en formato individual (similar a un plato único) como doble, ideal para un/a DJ en constante movimiento. Utilizando complejas unidades lectoras, estos aparatos se habían hecho con un hueco en la mayoría de los clubs del mundo. Pese a que algunos piensan que pierde parte de su encanto, y a que no se puede tocar el CD como se toca el vinilo, en algunas ocasiones las ventajas del mundo digital se hacen notar.
La tendencia que venía era clara en lo que a formatos de almacenamiento digital se refiere. Con la llegada de los reproductores de MP3, hubo una concienciación del público general sobre las ventajas de este formato. Lograron que mucho/a/s DJs cargasen en su maleta no sólo discos de vinilo o CD, sino discos duros (o similares) repletos de MP3. La clara diferencia estriba en la aparición del ordenador como objeto central de todo el proceso. Con todos los programas se consigue obviar la mayoría de elementos necesarios, al ser emulados por la PC. Se trata de sustituir los dos platos por sendos reproductores de ficheros MP3 e incluir un módulo para mezclar y ecualizar los canales. El gran inconveniente se encuentra en la interfaz del usuario, al cambiar ruedas y botones por un ratón y un teclado. Algunos programas solucionan este percance con aparatos especialmente diseñados para controlar sus opciones.
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En contexto de crisis, la literatura nos da otro lugar, otro tiempo, otra lengua, un respiro.
Michèle Petit



