Físico alemán (Neuenkirchen, 1950). En 1982 comenzó su labor investigadora junto a Karl Müller, fruto de la cual fue el descubrimiento de un nuevo material cerámico superconductor, que sigue manteniendo sus propiedades hasta temperaturas de 35 grados Kelvin. Los superconductores de este tipo permitían grandes avances en la fabricación de trenes de alta velocidad, ordenadores, transistores, y muchos otros instrumentos. Por estos motivos, en 1987 se le concedió el premio Nobel de Física, que compartió con Karl Müller.