En 1999 había caído el segundo de los grandes mitos en torno a los virus. Si el primero era la imposibilidad de atacar el hardware, no menos relevancia tenía el que hablaba de la imposibilidad de infectar un ordenador con sólo abrir un mensaje de correo electrónico, sin necesidad de ejecutar ningún programa adjunto.
Juan Carlos García Cuartango, era un español conocido por su capacidad para encontrar agujeros y debilidades dentro de los programas de Microsoft. Anunciaba un descubrimiento: un agujero en el motor de acceso a bases de datos Jet 3.51. Esto, que en principio podía parecer una noticia de una vulnerabilidad más, no lo era tanto, debido a las posibilidades que este problema podía traer consigo.Pero Cuartango llevaba aún más lejos su descubrimiento. Este fallo de seguridad podía ser explotado a través de la red e incluso de un correo electrónico. Un mensaje con un frame oculto que contuviera IFRAME SRC=hoja_maliciosa.xls abriría la hoja de cálculo (y por tanto ejecutaría su acción dañina) con tan sólo leerlo.
Hasta este momento se tenía como algo totalmente imposible, que sólo hubiera que abrir un mensaje de correo para verse infectado. Sin embargo, el aumento de las posibilidades de los lectores de correo y su facilidad para recibir e interpretar determinado tipo de código hacían posible dicha infección.
Otro ejemplo era BubbleBoy, un gusano escrito en VBS que podría considerarse como el primer virus compatible con e-mail capaz de activarse sin que el usuario ejecute, abra o incluso guarde en su disco cualquier tipo de fichero adjunto recibido. BubbleBoy, se nutría de Internet Explorer 5 y de cualquier versión de Outlook. El gusano (worm) se aprovechaba de una vulnerabilidad en dos controles ActiveX, ocultándose en mensajes de correo en formato HTML y sin archivos adjuntos, se enviaba a sí mismo a todas las direcciones de las libretas de contactos de Outlook.
MyDoom, fue un gusano que colapsó a principios del año 2004 los equipos de miles de compañías al enviarse automáticamente a los contactos de las libretas de direcciones. Además, abría el puerto 3127, permitiendo el control del PC desde el exterior. También había lanzado un ataque de DoS a las webs de Microsoft y SCO.Cuando se recibe un correo electrónico, incluso de nuestro mejor amigo, y lleve adicionado un archivo adjunto (attachment) sin que nos haya informado de su envío o no se lo hayamos pedido nosotros, bajo ningún concepto hay que abrir ese archivo. Hay que seleccionar y eliminar inmediatamente, incluso de la papelera, este documento adjunto, cualquiera que sea su nombre. Cuanto más sugerente sea su nombre, cuanto más induzca a pensar que nos puede salvar la vida, mayor probabilidad existe de que sea realmente un virus. Un familiar o persona de confianza puede enviar un mensaje inofensivo, con toda su buena fe, pero si su ordenador está infectado por algunos tipos de virus, sin que él lo sepa, nos envía también el virus en un archivo adjunto. Un ejemplo de este comportamiento se vió en el virus Worm/Hydra, que era del tipo gusano con extensión .EXE y que llegaba adjunto al correo.
Repetir que, si hemos recibido un mensaje electrónico con un archivo adjunto que es un virus y hemos leído el mensaje, no hemos sido infectados por el mero hecho de leer el mensaje. De aquí la importancia de no abrir los documentos adjuntos al correo que no sean seguros. Si ahora seleccionamos y borramos totalmente el archivo adjunto, sin ejecutarle, nunca seremos infectados por ese virus. Pero, el programa antivirus actualizado es fundamental, porque existen virus que llegan en el cuerpo del mensaje y que simplemente por leer el correo se activan si no se dispone del programa antivirus adecuado. Dentro de esta categoría se encontraban especímenes muy extendidos como Forgotten y KAK, que eran desactivados y eliminados por el antivirus.
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En contexto de crisis, la literatura nos da otro lugar, otro tiempo, otra lengua, un respiro.
Michèle Petit

