Mini consolas de Nintendo
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Después del éxito de desarrollos para recreativas (especialmente
Donkey Kong),
Nintendo decidió llevar sus programas a un nuevo mercado: el de las
mini consolas portables.
Así es como nacieron, en
1980, los primeros modelos de
Game & Watch, que mostraban en una única pantalla (o dos en los más avanzados) títulos muy sencillos a la par que adictivos.
Poseían la particularidad de contener únicamente un
videojuego y, gracias a su relativo bajo precio, no era extraño que una misma persona tuviera en su poder tres o cuatro
Game & Watch diferentes.
Entre los más conocidos se encontraban
Mario Bros,
Donkey Kong Jr.,
Popeye o
Donkey Kong 2.
Llegaba la Game Boy
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En
1988, tras el éxito de sus
mini consolas Game & Watch,
Nintendo volvió a arrojarse al terreno de los videojuegos portátiles con su
Game Boy, esta vez con cartuchos intercambiables.
Las razones de su éxito fueron su pequeño tamaño, su facilidad de uso, la relativa larga duración de las baterías y su precio, no demasiado caro. La simpleza de su procesador (de apenas 1,1
MHz) y su pantalla gráfica monocroma se vieron suplidas por apuestas tan adictivas como
Tetris,
Super Mario Land,
Pokemon o
Zelda, que la convirtieron en la herramienta más popular del siglo
XX con más de 130 millones de unidades vendidas.
Además de las decenas de accesorios para ella (lupas, mini-cámaras, impresoras e incluso un sonar marino para pescar), casi diez años después
Nintendo lanzó la versión Color (que además duplicaba la velocidad) y la
Pocket, con unas dimensiones reducidas a casi la mitad.