Todo empezó el 26 de marzo de 2000, en lo que se puede calificar como una revolución en el mundo vírico. Un virus de macro infectaba documentos de Word 97 y 2000. Se reproducía como un gusano enviándose a sí mismo a los 50 primeros buzones que se tuvieran en la libreta de direcciones.
Este virus había levantado una gran expectación en todos los medios de comunicación y muy posiblemente se sobrevaloraron sus posibilidades y características. El virus de macro estaba incluido en un archivo de Word bajo el nombre «list.doc» distribuido en el grupo «alt.sex». Supuestamente, el archivo incluía una lista con direcciones y claves para acceder a sitios de pornografía, lo cual lo convirtió en un suculento plato para los lectores de dicho foro. Esto contribuyó, sin duda, a su propagación.
Comenzó con la infección de una gran multinacional como MCI, pero la rápida propagación se debió al envío de 50 mensajes por cada sistema infectado. La alarma saltó de forma inmediata. Debido al envío masivo de mensajes, muchos servidores de correo se bloquearon e incluso fueron desconectados de la red para evitar la infección.
Melissa iniciaría una nueva moda de virus basados en Visual Basic Script (VBS), tanto en scripts puros como en macros de Word. Esta variedad de malware presentaba un cuchillo de doble filo: por un lado, tenía una gran potencia de propagación; por el otro, era muy fácil de programar.
Melissa llegó a provocar verdaderos colapsos en algunos servidores de correo de grandes compañías, como Microsoft o Intel. Lo más curioso de Melissa fue la repercusión que obtuvo. Hubo virus mucho más dañinos que él, pero durante un tiempo consiguió acaparar toda la atención. Las cifras apuntaban a más de 100.000 máquinas afectadas.
Este acontecimiento disparó la voz de alarma. Incluso el FBI se interesó por el tema, con la apertura de una investigación. Parecía una sencilla medida ejemplar, pero nada más alejado de la realidad. La agencia americana puso todo su empeño en encontrar al autor y lo consiguió. Precisamente poco tiempo antes hubo una gran polémica por la demostración de que Microsoft incluía unos números de serie en los documentos de Word que permitían la perfecta identificación de la máquina y del usuario que había escrito dicho documento. Gracias a esta característica se identificó a David Smith como presunto autor.
» Cool n Quiet» Embuchado» LBA» Windows vista
En contexto de crisis, la literatura nos da otro lugar, otro tiempo, otra lengua, un respiro.
Michèle Petit

